Antonio Mauad dejó la conducción del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y se fue de un organismo cada vez más chico. En los seis meses que duró su gestión
Antonio José Mauad decidió dimitir en un contexto de achicamiento de los equipos de trabajo, lo que generó un gran malestar entre los trabajadores. El Servicio Meteorológico Nacional está al límite de su capacidad. Antonio Mauad dejó la conducción del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y se fue de un organismo cada vez más chico.
En los seis meses que duró su gestión siguieron los despidos, se achicaron equipos de trabajo y creció el malestar entre los trabajadores, que desde hace tiempo denuncian que el ajuste está desarmando un servicio clave para todo el país. En el Ministerio de Defensa aseguran que la salida ya estaba prevista y que forma parte del plan de “modernización” del Gobierno de Javier Milei. El miércoles, prometen, anunciarán al reemplazante.
Dentro del SMN cuentan otra historia. Sostienen que la renuncia es el desenlace de una gestión que nunca logró hacer pie. Hablan de conflictos permanentes, decisiones cuestionadas y un organismo que perdió trabajadores, experiencia y capacidad de respuesta mientras el Gobierno seguía hablando de eficiencia. El ajuste fue dejando marcas.
Hubo despidos, áreas que quedaron con menos personal y equipos que tuvieron que hacer el mismo trabajo con cada vez menos gente. Para quienes trabajan en el organismo, el problema no es solo laboral; advierten que se está debilitando una institución que todos los días monitorea tormentas, inundaciones, olas de calor y otros fenómenos que pueden poner vidas en riesgo.
La llegada de Mauad ya había generado rechazo cuando fue designado por primera vez, a principios de 2025. Distintas entidades del sector cuestionaron que no tuviera formación en meteorología o ciencias de la atmósfera, un requisito que consideran fundamental para conducir el organismo. Su primera gestión terminó pocos meses después.
Renunció por razones personales y, tras casi medio año sin una conducción estable, volvió a asumir en febrero de este año. Esta segunda etapa duró todavía menos. Con el paso de los meses crecieron las críticas internas. Trabajadores denunciaron problemas de gestión, decisiones que afectaron áreas estratégicas y un clima de tensión permanente.